Ana Ballabriga: «Democratizar la educación le vino muy bien al capitalismo»
13 Febrero 2019 |


Una abogada de Ibiza que se mete a detective protagoniza ‘Soy Rose Black‘, la nueva saga de la autora oscense escrita junto a David Zaplana

MANUEL MADRID Jueves, 14 febrero 2019, 01:07
«Soy una persona normal, y lo que me interesa a mí entiendo que puede interesar a los demás, porque en cada libro voy a pasar muchos meses sentada delante del ordenador dedicándole mucho tiempo, y cada libro es una apuesta, y al menos que disfrute mientras apuesto». Ana Ballabriga (Candasnos, Huesca, 1977) aborda en su última novela escrita a cuatro manos -las suyas y las de su marido, el escritor cartagenero David Zaplana-, ‘Soy Rose Black’ (Versátil, 2019), la situación de la mujer de hoy. «Soy Rose Black y hoy cumplo cuarenta años». Así empieza la historia de esta abogada ibicenca que tiene todo lo que podría desear: un trabajo estable y bien remunerado, un novio italiano que la adora y tres amigas incondicionales. En esa fiesta sorpresa su vida hará ‘crack’. Ballabriga, psicóloga que ejerce la crítica literaria en el suplemento Ababol en ‘La Verdad’, descubre cómo son esas mujeres que sueñan y buscan su lugar en el mundo, en una trama en la que amor, sexo, misterio y comedia bailan la mar de bien. Este miércoles participa en el ciclo ‘Cartagena Piensa’ (El Luzzy, 20 h) en una mesa redonda con Susana Rodríguez Lezaun, moderada por Ana Escarabajal, sobre la mujer en la novela negra.
¿Por qué le interesa la mujer?
En ‘Soy Rose Black’ se habla del hecho de tomar decisiones. Ella dará un giro radical a su vida, pero lo que queríamos tratar es qué pasa con las mujeres que llegan a los cuarenta, a qué se enfrentan en la actualidad, qué problemas son los que afrontan. La gente que está entre los 39 y los 51 años somos los hijos del ‘baby boom’ de los 70, y es un grupo de edad muy precario. Porque a los que hemos estudiado nos vendieron la idea de que estudiando y teniendo una carrera nuestra vida estaba asegurada, pero se democratizó la educación y eso le vino muy bien al capitalismo, porque se abarataron los sueldos y todo. Hay muchas mujeres así, que han estudiado y tienen hoy trabajos realmente precarios.
«Muchas mujeres que han estudiado tienen hoy unos trabajos realmente precarios. Nos vendieron la idea de que con una carrera nuestra vida estaba asegurada»
¿Cómo es lo que nos queda por vivir ya cumplidos los 40?
Lo que queríamos era representar una realidad que veíamos a nuestro alrededor, mujeres solteras con una profesión, independientes, y sin hijos ni una pareja estable. En nuestro entorno hay mucha gente con ese perfil, y queríamos ponernos en ese momento justo de cumplir 40 años porque la mitad de la vida es posible que sea, pero no la mitad de la vida en la que tú vas a estar bien. Ese ecuador ya pasó, porque no sabes tus 20 últimos años de vida cómo los vas a vivir. Lo que has vivido es mejor ya que lo que te queda, y lo que te queda es menos que lo que has vivido. Y te paras a pensar a esa edad muchas cosas. Como el tema de la maternidad, que ella no lo tiene muy meditado. Para muchas mujeres que hoy no tienen hijos, como es el caso de Rose, no es una decisión meditada, ya que las circunstancias les han llevado por ese camino, porque no han encontrado a la persona adecuada, o porque esa persona adecuada se fue en un momento determinado; o porque tienes que potenciar tu carrera y asentarte laboralmente…
En torno a la maternidad hay todo un negocio. ¿Cómo lo ve usted?
A esta edad todavía existe en muchas mujeres la idea de que aún queda tiempo para ser madres, pues muchas empresas de reproducción asistida te dan la falsa idea de que puedes retrasar la maternidad porque siempre habrá algún método, ya sea congelando óvulos o sometiéndose a determinados tratamientos. Hay noticias espeluznantes y nos meten miedo en el cuerpo, porque hay clínicas que dicen que lo conveniente es que las mujeres a los 25 años congelen óvulos, y eso es una forma de mercantilizar la maternidad, porque mantenerlos cada año te cuesta dinero, y luego hay que someterse a tratamientos, porque eso no entra de nuevo por gracia divina. Es una sociedad capitalista brutal, y lo que prima es generar ingresos. Y luego encontramos mujeres que afrontan la menopausia a la vez que afrontan la adolescencia de los hijos, momentos vitales muy fuertes.
¿Qué es lo que más le ha enseñado el personaje de Rose Black?
Quizás me ha servido ella para entrar en la descripción de los sentimientos de los personajes, como escritora, y a tirar más de mi experiencia y analizar más mis emociones, sobre cómo he tomado yo mis propias decisiones. He reflexionado sobre todo eso para poderlo transmitir yo a la novela. En nuestras anteriores novelas hay mucho sentimiento, pero los personajes se enfrentaban a situaciones más complejas que las que afronta Rose, porque esta es una novela fresca, que mezcla comedia, es relativamente ligera, para pasar un buen rato. Antes era todo como más duro. Pero con esta he reflexionado sobre mi propia vida y he aprovechado para sacar muchas cosas de mí, y para divertirme más escribiendo. Porque en nuestras novelas [Ana Ballabriga y David Zaplana han escrito con esta cinco novelas, a la limón, nunca por separado] los personajes se ven en conflictos muy fuertes, y en decisiones vitales muy importantes, en eso se basa la novela negra, en llevar tus personajes a situaciones extremas. Pero Rose lleva una vida tranquila, hasta que decide ser detective.
En la portada aparece una mujer vestida de blanco y negro, sobre unos tacones fucsias. ¿Es así como nos tenemos que imaginar a Rose?
-[Respira profundamente]. No sé, eso son decisiones editoriales. Yo creo que Rose va cambiando desde este personaje, con esos tacones y esos pantalones blancos, hacia un personaje al que le empiezan a importar otras cosas, como la comodidad, el encontrarse bien, estar a gusto consigo misma sin necesidad de tanto artificio. Ella va a ir variando a lo largo de la saga.
¿Cuándo está previsto que se publique la segunda parte, ‘Rose Black y el caso de las caras robadas’?
La próxima novela sale a final de año. Estamos terminando de escribirla, y si hay más dependerá de los lectores. ‘Rose Black’ nació con la aspiración de ser una saga. Siempre nos habíamos detenido a la hora de crear un detective privado, y con ella nos decidimos. David y yo iniciamos nuestra relación a la vez que empezábamos nuestra relación como escritores. Llevamos más de 20 años juntos. No hemos hecho nada en solitario, ni tenemos pensado hacerlo.
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